Hoy terminó de arrastrarse por la Liga MX el Mazatlán FC. Un equipo que nunca fue trascendente.
Nunca es una noticia feliz que un club desaparezca. Normalmente genera empatía: es una institución, un entretenimiento, una identidad deportiva que se pierde. Una afición que se queda huérfana. Gente que ya no tendrá a su equipo para ir a verlo cada quince días, para identificarse, para emocionarse.
Normalmente no me daría gusto. Diría que ojalá toda la gente que hoy pierde su empleo encuentre pronto un sustento y que sus familias no la pasen mal. Diría que los jugadores —que en mayor o menor medida intentaron representar con dignidad— encuentren pronto trabajo. Lo mismo para el cuerpo técnico y para todo el personal que, por cientos, hace que un club funcione: secretarias, mantenimiento, canchas, seguridad, transporte…
Pero este equipo no merece nada de eso.
Porque llegaron burlándose de la afición de Morelia. Hicieron de eso su identidad. #Arrebatando, se jactaron. Se rieron, se mofaron…
¿Y dónde están ahora?
En el olvido. Donde pertenecen.
Hasta nunca, Mazatlán. No te vamos a extrañar.

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